El conocimiento se vende tal como un producto de moda. Palabras atractivas, novedosas que solucionan grandes problemas en poco tiempo y son verificadas por personas dentro de una pantalla. Es así, como se presenta la pseudociencia en las redes sociales. Afirmaciones o prácticas que aparentan ser ciencia, siendo el único método científico la popularidad y ambiguas asociaciones de conceptos.
Dentro del área de psicología social se ha identificado un sesgo cognitivo denominado el Efecto Halo, el cuál explica la existencia de una alta tendencia en el ser humano de construir un sistema de valoraciones basándose en un único atributo. Es decir, lo que diga un hombre en su uniforme de doctor valdrá más que las afirmaciones de un vagabundo. En el mundo digital, las influencias representan un uniforme, una persona con muchos seguidores equivale a los títulos universitarios de un profesional.
TikTok es más que una plataforma de entretenimiento para los jóvenes, se ha vuelto su consultorio personal. Tan solo un video de 3 minutos detallando algunos criterios diagnósticos y un usuario crea una etiqueta sobre sí mismo y patologiza su comportamiento. Aquel efecto domino se titula cibercondría, una condición que genera ansiedad y paranoia al sentirse identificados con supuestos diagnósticos. “Soy yo, literal” Es una respuesta sumamente usual dentro de la plataforma. Por lo consiguiente, buscan medios de soluciones, que en la mayoría de los casos terminan con automedicaciones o prácticas perjudiciales. Por ejemplo, la homeopatía es popular por su facilidad y tratamientos naturales, vendiéndose inclusive como una cura del cáncer. El mismo Steven Jobs optó por productos homeopáticos sobre la cirugía para tratar su cáncer. Su cuadro se agravó y acudió al hospital muy tarde. Las evidencias científicas han perdido prestigio ante lo novedoso.
Los jóvenes son el público de este centro de atracciones conocido como redes sociales, sin embargo, no cuentan con un sistema de seguridad ni límites de edad. Van con toda libertad y confianza a ciegas hacia las personas que trabajan ahí, mas no mucho de ellos cuentan con el entretenimiento debido, ergo, los accidentes terminan siendo frecuentes. Hasta que no se implemente leyes que regulen el contenido “científico” en las redes sociales, es imperativo fomentar el criterio, la duda y la avidez de investigación. Corroborar la información que encontramos en redes será un arnés que nos impedirá caer en las pseudociencias.
Bibliografía
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