Elaborado por: Edwin Ortega

Cincuenta veces más potente que la heroína y cien más que la morfina, el fentanilo es mortal en dosis muy pequeñas. Su consumo repetido trae síntomas como náuseas, vómitos y estreñimiento, pero bastan dos miligramos para experimentar rigidez corporal y torácica, movimientos musculares involuntarios, arritmias y respiración débil, lo que comúnmente termina en apnea y muerte súbita. Además de estas alteraciones, signos tales como pupilas puntiformes, pérdida de conciencia, debilidad muscular, piel fría o húmeda, y labios o uñas azules son comunes en casos de sobredosis de opioides.

Aunque parezca una droga reciente, su primera síntesis tuvo lugar en Bélgica en 1960. Este opioide sintético comenzó a ser prescrito con fines anestésicos y analgésicos en Estados Unidos desde 1968, y a finales de la década de los 70, se empezó a fabricar y distribuir ilícitamente.

A partir de entonces, en dicho país, el fentanilo se ha convertido en una epidemia sin freno. Anualmente, la tasa de mortalidad por sobredosis de drogas fue creciendo en un 6% hasta el 2014, cuando las sobredosis fatales a causa de opioides sintéticos aumentaron en un 79%. Si hace una década Estados Unidos registró 3.105 casos, para 2019 hasta 36.359 personas fallecieron a causa de este mismo tipo de sustancias, cifra que representa la mitad de los 70.630 fallecimientos totales por sobredosis sólo en ese año. Sin embargo, la tasa en 2020 era ya un 56% más alta que en 2019. Un año después, aumentó en un 22%, cuando de las 106.699 sobredosis fatales 70.601 de ellas involucraron principalmente fentanilo, 23 veces el número de 2013.

Claro está que Estados Unidos despunta con esta problemática. Es más, 92% de todo el fentanilo en 2019 se incautó allí, pero en México, Canadá, Estonia y China también se reportaron cantidades de procedencia ilícita. En Chile, Costa Rica y México han ido en aumento las atenciones derivadas del uso de opioides como el fentanilo. Concretamente por el lado de América del Sur, los datos escasean, precisamente porque o bien la sustancia no se incluye en las encuestas, o bien se vende mezclada o con el nombre de otras drogas, o bien la capacidad de las ciencias forenses es limitada. Considerando de antemano que la estadística se presta a dudas, la prevalencia anual del consumo de opioides sintéticos con fines no médicos en 2018 fue de 0.19% en esta región.

En general, el fentanilo fabricado ilícitamente se presenta en forma de polvo y líquido. Al igual que la heroína, se inyecta, esnifa o fuma, aunque también se inhala mediante aerosoles nasales y vende como parches cutáneos y goteros, que pueden ser oculares o aplicados en papel secante para que la sustancia sea absorbida por vía oral. Relevante es la presentación del fentanilo en pastillas, que se ofrece a modo de opioides de prescripción médica, y que no necesariamente adquieren personas con un trastorno por consumo de sustancias, sino con la necesidad de aliviar un dolor físico severo, sea crónico, relacionado a un cáncer o un tratamiento postoperatorio. Entre las pastillas que aparentan ser opioides de prescripción médica, siete de cada diez contienen dosis potencialmente letales de fentanilo, de acuerdo con la última actualización de la DEA en 2023.

El problema es más grave de lo que parece, pues la presencia contaminante de fentanilo en otras sustancias ha contribuido al crecimiento exponencial del número de muertes por sobredosis. Y es que, dados sus potentes efectos con dosis mínimas, los distribuidores, para minimizar costos de producción, venden el fentanilo como si fuera heroína, o incluso, lo mezclan con éxtasis, cocaína o metanfetamina. Por ejemplo, un análisis de un millón de pruebas de orina realizadas a pacientes únicos reveló que, entre 2013 y 2018, los resultados positivos por fentanilo en quienes reportaron consumir exclusivamente cocaína aumentaron en 1850%, y en el caso de metanfetaminas, en un 798%. En otro estudio, con una muestra de neoyorquinos que se administraban drogas por vía inyectable, el 83% dio positivo para fentanilo, pero del cual apenas el 18% refirió consumo intencional. Inclusive, en Canadá, una investigación evidenció que, en consumidores de múltiples sustancias, siendo la mayoría de heroína y metanfetamina, el 29% dio positivo en fentanilo, del cual el 73% reportó no usarlo. En otras palabras, los usuarios de otras sustancias están cada vez más expuestos al fentanilo sin ser conscientes de ello.

Teniendo lo anterior como precedente, no cabe duda de que el uso involuntario de fentanilo por parte de consumidores de otras drogas puede desembocar en una sobredosis accidental. Claramente, son tiempos de una epidemia invisible. De todas las personas que fallecen a causa de este opioide, ¿cuántas de ellas sabían que estaban tomándolo?

Referencias

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